Nemi López

Esta fue mi participación para Adictos a la Escritura en el mes de Mayo. El ejercicio consistió en escribir un relato inspirado en un imagen.


... Despedida ...




Respiró profundo y el aire caliente chocó contra el cristal de la ventana del autobús en el que viajaba. Estaba harto. En el trabajo la vida era tan monótona que le hacía desear marcharse de ahí, en casa las cosas no eran diferentes, su esposa lo atosigaba cada noche con exigencias que su trabajo no le permitía satisfacer, su pequeña hija Diana, era la única razón que le alegraba los días y hasta la vida misma. Pero su vida ya no podía seguir así y eso lo supo el día que la conoció. Cuando la vio cruzar la puerta de la sala de juntas con ese vestido ceñido a su delgada figura, jamás pensó que ella pudiera cambiar su vida de esa manera. Su nombre era Zarah.
Nunca había conocido a una mujer así, todo en ella le impresionaba. Su figura, su cabello, sus hermosos ojos claros, pero lo que más llamaba su atención era la forma en que hablaba, más específicamente la forma en la que le hablaba a los demás, cuando daba conferencias a los inversionistas y hablaba con los demás empleados, todos escuchaban atentos cada palabra que lanzaban sus labios y hasta parecía que el tiempo mismo se detuviera para escucharla, hasta el mismo podía pasarse horas escuchándola mientras miraba su figura.
Todo iba bien hasta que ella comenzó a mirarlo también, comenzó a acercase a él; no sabía porque razón pero ella sentía una atracción inevitable. En las juntas de equipo, como las llamaba el jefe; ella sentía su mirada penetrante sobre su persona y había algo en esos ojos grises que la intrigaba y al mismo tiempo la atrapaban. Tal vez fuera esa tristeza que se escondía detrás de sus pupilas cristalinas o el profundo pesar que le llenaba el rostro cuando llegaba la hora de partir a casa. Sea lo que fuere la atraía y la atracción que sentía por ese hombre era algo que iba más allá de lo físico, ella estaba decidida a cambiar esa expresión de su rostro cansado, deseaba cambiar esa tristeza por un rostro lleno de ilusión y de felicidad. Y no sólo eso, ella anhelaba ser el motivo de tales sentimientos, quería ser la razón por la que él despertara sonriendo todas las mañanas y el recuerdo en su mente al dormir cada noche entre la tibieza de la cama.
Un día mientras él almorzaba en la cafetería ella se decidió por fin a dar el primer paso, se sentó junto a él y comenzó a charlar.
-¿Qué tal el trabajo?- soltó con su voz seductora.
-Igual que siempre- sonrió –igual de terrible que el arroz de la cafetería- ella dejó escapar una sincera carcajada y el cayó rendido a ella.
-Espero no sea tan horrible mi compañía- decía mientras clavaba su mirada en aquellos ojos varoniles.
-Eso sería imposible, tu compañía, como tú, resulta encantadora –contestó mientras dejaba que sus dedos bruscos rozaran la suavidad de su muñeca.
Llenaron su almuerzo con platicas banales hasta que llegó la hora de volver a sus puestos, y así fue cada tarde después de esa. Entre los dos iba creciendo poco a poco algo que iba más allá de la simple convivencia laboral, más allá de una inocente amistad. En sus ojos brillaba cada vez que se miraban, el deseo prohibido de estrechar sus cuerpos, de juntar sus almas solitarias hasta la eternidad.
Pero él sabía que lo que hacía no estaba bien, él tenía una esposa, que si bien no amaba aún era obligación suya, y su hija, su pequeña Diana.
<< ¿Qué pasará con ella después de esto? ¿Cómo le diré a mi pequeña que quiero dejar a su madre? Tal vez pueda llevármela conmigo, tal vez Zarah la aceptaría si yo se lo pidiera. >>
Seguro que eso no funcionaría, Zarah jamás le perdonaría haberla engañado, si bien no le había mentido, no le había contado toda la verdad y eso es algo que una mujer no podía perdonar, lo sabía por experiencia. Y Diana, ¿Aceptaría a la nueva intrusa en la vida de su padre? ¿Lo odiaría a él también por lo estaba haciendo?
No sabía como enfrentarlo y no quería perder esta oportunidad de amar, de vivir, de disfrutar su vida por primera vez en mucho tiempo, pero tampoco quería perder a su pequeña niña. Así que no hizo nada, dejó que las cosas avanzaran a su debido tiempo y pensó en que ya se le ocurría algo que hacer cuando llegara la hora, se dedicó a disfrutar lo que tenía hoy y ahora, así su mente sólo tenía que ocuparse de un sólo pensamiento a la vez. Así su vida no parecía tan complicada.
Esa noche llegó a casa con la certeza dibujada el rostro, tenía la seguridad de que se iría esa noche y sus pasos lo guiaron hasta la pequeña habitación adornada con listones y flores de colores.
-Por favor Dios, cuida de él- decía una tierna voz dentro –por favor Dios, bendice a mi Papá y haz que sea muy feliz- se asomó por la puerta entre abierta para observar sin interrumpir la sincera oración de la pequeña.
Arrodillada frente a su cama con las manos entrelazadas, se hallaba la niña, vestida con el pijama que él mismo le regaló, con el cabello largo y castaño cayéndole por la espalda orando por aquel que esa noche iba a abandonarla.
-Haz que sea muy feliz y que en su camino encuentre a alguien que lo haga muy feliz. Por favor Dios, te pido que alguna vez, tan sólo por un momento se acuerde de mí, por favor Dios, dile a Papá que nunca olvide lo mucho que lo quiero y que nunca lo voy a olvidar. Por favor Dios, bendice a Papá…
Con un nudo en la garganta y el corazón hecho pedazos, el hombre se alejó y siguió su camino solo en la oscuridad.


Gracias a todos por leer. Espero que les haya gustado.
1 Response
  1. ¿eh, yo no había leído esto? Y tan tierno que está. La niña es una maravilla, no sólo sabe muy bien como está el asunto, también es bastante desprendida.
    No puedo creer que simplemente se vaya. Es decir, ¿no puede llamar o algo así... visitarla en navidad? T_T