Nemi López

Hola a todos:

Estoy muy contenta de poder participar este mes en Adictos A La Escritura porque pensé que este mes tampoco iba a ser posible.

El ejercicio del mes era escribir una escena con ciertas características que no correspondieran a ella y hacer que encajaran como parte de la historia. Este es el resultado que yo logré.

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Llegó a casa después de un duro día en la oficina. Su jefe lo tenía harto. Simplemente ya no podía soportarlo más. Tenía el cuerpo entumido y ese dolor en los hombros, ya tan común; se negaba a abandonarlo.
Al entrar a su apartamento se quitó el abrigo y lo acomodó en el perchero junto a su bufanda gris. Estaba cansado. Pensó que sería bueno darse un baño. Tal vez eso lo haría sentir mejor. Tal vez el agua se llevara consigo su cansancio.  Giró la perilla de metal que brotaba de la pared y un líquido cristalino comenzó a llenarle el cuerpo ahora desnudo. No era un hombre atlético, aunque tampoco era robusto. A pesar de su vida monótona y sedentaria su cuerpo no estaba tan mal. Si bien era cierto que sus músculos no eran los más desarrollados su cuerpo no estaba flácido, pero su dieta irregular había logrado que cierta cantidad de grasa se aferrara a la piel de su abdomen provocando un pequeño pero notorio abultamiento en él.
Tan sumergido estaba en su labor, que no fue consciente del momento en el que un intruso irrumpió el cuarto de servicio. Sólo notó su compañía cuando sintió sobre su piel unas manos suaves y frías recorrer la longitud de su pecho. Sintió la redondez de unos pechos firmes oprimirse contra su espalda. Era una sensación muy placentera y gratificante que simplemente se dejó llevar por las caricias. Poco a poco se volvió para mirar el rostro de su acompañante y al toparse con esos ojos marrones mirándolo fijamente no pudo evitar sentir un leve temblor en su interior. Era su esposa. Llevaba casi cuatro años casado con ella. Ella era la razón por la que aún soportaba su empleo y a su jefe, con la esperanza de darle una vida mejor, a ella, a la mujer que había cambiado su mundo. Esa mujer, que ahora le llenaba la boca de besos, aún podía hacerlo sonrojar cada vez que le miraba intensamente el cuerpo desnudo.
Instintivamente rodeo su cintura y atrajo su cuerpo contra el suyo. Dejó que su mano derecha se deslizara por la redondez de su nalga y la apretó con fuerza. Ella se apartó de súbito de su cuerpo y le regaló una mirada coqueta mientras una sonrisa traviesa iluminaba su rostro. De pronto, tan sorpresivamente como había llegado se marchó dejándolo confundido y azorado. Él amaba que ella fuera así. Siempre tratando de hallar la forma de innovar sus encuentros sexuales de una manera tan casual que parecía que era más bien parte de su personalidad. Y así era. Y por ello él la amaba tanto.
Una vez liberado del trance en el que se había sumido, salió por el pasillo que trazaba una línea recta hasta su habitación. La habitación donde tantas otras veces se habían amado ya. La emoción que llenaba su cuerpo, producto del deseo que surgía en él, hacía que dejara de prestar a tención a todo lo demás y se concentrara tan sólo en apagar con besos y caricias su pasión. Por ello no fue consciente del momento en el que su brazo se estrelló con la repisa del pasillo y provocó que su pequeño androide fuera a dar hasta el suelo y se hiciera pedacitos. Se trataba del proyecto con el que había ganado la feria de ciencias a los quince años, el único proyecto en el que su padre había mostrado interés y le había ayudado a construir. Hacía ya varios años que había dejado de funcionar pero lo conservaba por mero valor sentimental.
Cuando entró a la habitación su mujer lo esperaba sobre la cama. Lo único que cubría su cuerpo era un pesado acordeón que sostenía como si tuviera la intención de reproducir algún sonido en él. No entendía porque aquella visión lo excitaba tanto. Era como si verla así, hiciera funcionar un mecanismo en él que encendiera su pasión hasta desbordarla. Ella tampoco lo entendía pero no lo juzgaba. A ella lo que le excitaba era la expresión en el rostro de su esposo: esa mueca que resulta de la mezcolanza entre la felicidad y el deseo.
No pudo resistir más y se abalanzó sobre ella llenándola de besos. Estar entre sus brazos lo hacía sentir pleno, pero necesitaba más. Necesitaba sentir el calor de aquel cuerpo fundiéndose con el suyo. Apartó con brusquedad el acordeón mientras sujetaba a su mujer por la cintura, la abrazó con fuerza. Ella gimió en respuesta a las caricias que su compañero le regalaba y le dejó hacer su voluntad.
Acarició la longitud de sus piernas desde la rodilla hasta el muslo y una vez ahí se detuvo cerca de su sexo al notar la humedad que llenaba su piel. La miró a los ojos y le regaló una sonrisa sensual mientras recorría con su boca el camino de descenso desde su cuello hasta el lugar donde había estado antes su mano. Ella estaba extasiada. Sentir aquella boca recorrer su cuerpo le encendía cada ves más hasta que sintió la suavidad de una lengua adentrarse entre sus piernas. El placer que estaba experimentando era inigualable. Su cuerpo temblara y se retorcía. De su garganta escapaban jadeos y gemidos que no podía ni quería apagar. Sujeto los cabellos de su amante mientras el placer seguía aumentado. Ni siquiera tuvo que pedirle que no se detuviera. Ella sabía que no lo haría. No hasta que escuchara salir de su garganta esos gritos de placer que se antojaban como la melodía más afrodisiaca que jamás hubiera escuchado.
Después de su primer orgasmo ella se relajó. Abrió los ojos y se topo con los ojos fijos, casi inertes, de Teo, su pez dorado, mirándola. Se preguntó que es lo que podría pensar un pez después de verlos haciendo el amor. No tuvo mucho tiempo para seguir con sus cavilaciones por que su amado esposo ya empezaba de nuevo a acariciarla. A encender en ella la pasión que él desbordaba. Después de todo ellos aún eran jóvenes y la noche aún era muy larga.

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Gracias por pasarse por aquí. Sus comentarios, como cada mes, son bienvenidos. Un beso.

P.D. Lamento no haberle puesto título, pero es que rralmente no se me ha ocurrido ninguno y no vi porque no dejarlo así.


Nemi López

Hola a todos:

         Se que he tenido un poco abandonado el blog y hace un tiempo que he querido publicar esta entrada y no he podido hacerlo por determinadas razones, por eso hoy me decidí a publicar.


          Espero recuerden que hace un tiempo les hablé de un libro maravilloso que leí llamado Memorias De Una Geisha, para los que no lo recuerden o quieran saber más sobre el mismo pueden seguir este enlace.


         Pues bien, esta famosa novela esta basada en la historia personal de una Geisha real llamada Mineko Iwasaki. Ella, no sólo le reveló su pasado a Arthur Golden sino que también lo guió por un recorrido turístico por las calles de Gion para mostrarle su cultura y explicarle algunos detalles sobre la misma.

         Así Arthur creó un personaje ficticio a quien le dio una vida y personalidad muy características en su novela, sin embargo tras la publicación de este libro Mineko lo demandó por difamación pues según ella, la historia contada por Golden estaba mal, no reflejaba la vida de las Geishas, y lo más grave había sido que había utilizado su nombre al mencionarla en los agradecimientos, rompiendo así su acuerdo de confidencialidad. El pleito finalizó con un acuerdo amistoso y ella optó por escribir su propia versión de la historia en colaboración con otro escritor de nombre Rande Brown

          Al buscar este libro en cuanta librería conocía, todos me decían lo mismo: no lo tenemos en existencia. Opté por pedirlo por Internet pero sólo lo encontré en existencia en España, pero traerlo dese allá representa un coste que supera por mucho el costo real del libro.

          Así que finalmente me decidí a descargarlo. Y confieso que para mi mala visión, leer desde la pantalla de la computadora no es una buena opción así que lo que hice fue imprimirlo y empastarlo yo misma.

         Y así fue como unos cuantos materiales y un poco de imaginación se convirtieron de esto:




         A esto:


        Para aquellos que deseen leerlo, quiero contarles que como es un libro autobiográfico no encontraran en  él la gran historia con un clímax envolvente y un final que nos deje con la boca abierta.No por ello no es una buena historia, además en sus páginas nos revela algunas costumbres de la cultura japonesa que corrigen las ideas equivocadas que pudiésemos llegar a tener al respecto.

Si tienen la oportunidad de leerlo en serio se los recomiendo.Este libro cuenta con plus de imágenes en las que se muestra a Mineko en las distintas etapas de su vida como Geisha.

Sus comentarios como siempre son bienvenidos. Un beso.