miércoles, febrero 26, 2014

La Primera Frase. Proyecto de Febrero



Después de mucho tiempo de no hacerlo, hoy participo en el blog de Adictos A La Escritura con este ejercicio.
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Un Trabajo Como Cualquier Otro


Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Pensó en no atender. Los espaguetis estaban casi al punto y no quería dejar que se estropearan. Por otro lado, pensó que quien llamaba podía ser ella. En todo caso debía contestar. Apagó el fuego y se encaminó al aparato negro que colgaba de la pared. Tomó un poco de aire y luego lo dejó salir lentamente antes de descolgar.
Diga —dijo en tono automático.
¿Lo hiciste? —preguntó una voz femenina al otro lado de la línea. Era ella. Había acertado.
Aún no —respondió tranquilamente mientras alargaba la mano y tomaba una manzana del frutero que tenía al lado.
¿Por qué no? —inquiruó la mujer obteniendo como respuesta el sonido que prevocó el muchacho al moder la manzana —sabes que tienes una fecha límite ¿cierto?
Exacto. Tengo una fecha. Y lo haré antes de que el plazo se cumpla, sabes que no es necesario que llames. Cuando esté hecho lo sabrás.
Escucha, no es que no confiemos en tí, pero estamos preocupados. Eres nuevo en esto y simpre existirá la posibilidad de que dudes en el último minuto. Necesitamos que sepas que lo que haces no está mal. Necesitamos que estés seguro. Piensa que sólo es un trabajo como cualquier otro y —la mujer hizo una pausa, <<pensar que sólo es un trabajo, sí claro, como no es ella la que debe hacerlo es muy fácil decir eso>> pensó él —¿sigues ahí? —dijo la mujer luego de un rato.
Voy a colgar —dijo el muchacho. Y colgó.

Echó la manzana a medio terminar al cesto de basura y optó por olvidar completamente los espaguetis. De cualquier forma, ya le habían arruinado el desayuno. Se puso la chaqueta y tomó el estuche de cuero negro que “ellos” le habían dado. Se había decidido. Lo haría en ese momento. Gracias a la documentación que le había sido entregada cuando se le asignó el caso, sabía el itinerario del hombre. Sabía lo que haría durante la semana que estaría en la ciudad y cada uno de los sitios que visitaría. Durante los pasados dos días lo estuvo vigilando. Y tal como estaba escrito en los papeles, el hombre estuvo donde tenía que estar. Lo único que él debía hacer era buscar la oportunidad y terminar el trabajo.

Subió a su auto y depositó el estuche descuidadamente en el asiento del copiloto. Tal vez debería ponerlo en un lugar menos visible. Pero a simple vista, aquello no era más que el estuche de un violín y si trataba de ocultarlo llamaría más la atención. Así era él. Le gustaba llamar la atención lo menos posible y era muy cuidadoso con los detalles. Alguien, alguna vez lo había descrito como el hombre más meticuloso que conocíay el único que podía pasar desapercibido en medio de una multitud. Tal vez por ello lo eligieron.


Encendió el auto y se puso en marcha. Mientras conducía repasaba mentalmente el itinerario del hombre. Era miércoles, estaría en el Grant Hotel en una reunión hasta las 12:00 y luego iría a comer al Restaurant The Tower a diez kilometros de ahí, pasaría la tarde en su habitación de hotel en el Palace y finalmente, al anochecer tendría una reunión privada con algunas prostitutas en un distinguido bar de la zona.

Entró al estacionamiento subterráneo del hotel American Inn; era el ideal porque estaba justo en frente del Grant Hotel. Subió por el elevador del estacionamiento hasta el quinto piso, se dirigió a la habitación 523, sacó la llave del bolsillo de su chaqueta y la deslizó por la cerradura magnética; ésta cedió al instante por supuesto. Dentro, todo estaba perfectamente acomodado. Junto a la ventana, descansaba la mesa de roble sin ningún objeto encima, tal como él la necesitaba. Había sido muy consiso al solicitar que la camarera no moviera ninguno de los muebles hasta que él se marchara. Había tenído mucho cuídado al mostrar su rostro, pero esa era su mejor cualidad. Tenía un rostro fácil de olvidar. Acomodó sobre la mesa el estuche y lo abrió despacio. Dentro descansaba un fusil de francotirador semiautomático; él prefería los de carga manual porque tenían mayor alcance, pero no hacía falta mayor alcance.

Miró su reloj. Eran las 9:48, tenía veintiocho minutos antes de que el hombre bajara hasta el cuarto piso a tomar el almuerzo. Su apellido era Douglas. Siempre elegía la misma mesa, la que estaba junto al ventanal, aquella que tenía la vista perfecta a la cuidad y por la que el muchacho podía distinguirlo perfectamente desde su ventana un piso más arriba.

Tomó el fusil del estuche y lo acomodó en el bípode con mucho cuidado. Colocó la mirilla con especal atención. Ajustó todas las piezas y se aseguró de que se amoldaran a su cuepo con la mayor precisión. Se tomó su tiempo. No fallaría. Lo había repasado mentalmente un sin fin de veces. Había imaginado su dedo presionando el gatillo sin vacilar. Así era como lo haría. Sin vacilar. De un solo y limpio tiro.

Miró por la mirrilla telescópica y ahí estaba. Como de costumbre, se sentaba en la mesa de siempre frente al ventanal y bebía su aperitivo con su acompañante. El muchacho no podía ver el rostro del otro hombre porque le daba la espalda. Pero no importaba. Veía a su objetivo muy bien. Lo veía reír mientras su blanca barba se mecía al ritmo de su barriga. Era el momento. Lo tenía en la mira y estaba decidido. Deslizó su dedo hasta la parte exterior del gatillo y dibujó su forma lentamente. Su pulso se aceleró. Su frente comenzó a brillar ligeramente por el sudor que se acumulaba en ella. Podía escuchar los latidos de su propio corazón resonar en sus oídos con mucha fuerza. Era el momento preciso. Debía hacerlo. Deslizó su dedo índice hasta el gatillo y entonces sonrió. Ella tanía razón. Estaba dudando.

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Espero que les haya gustado. Sus comentarios como siempre son bien recibidos.

La frase usada para desarrollar el ejercio fue: “Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego.”  del libro Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami.

Un beso


13 comentarios:

taty dijo...

Por alguna razón recuerdo esa primera frase :)

Me pareció curioso que el personaje hiciera espaguetis para el desayuno; por lo demás está bien narrado, se lee rápidamente. Menuda historia, cualquiera se pondría a dudar!

Una cosa que no tiene nada que ver con el texto, es que el contraste de la fuente contra el fondo es muy leve y cuesta un poco leer. Yo seleccioné el cuento para verlo :o

Abrazos.

Raquel Campos dijo...

Me ha gustado tu relato, muy bien narrado y es imposible dejar de leer!!!

Besos!!

Maga DeLin dijo...

Hola, Nemi y bienvolvida ;-)

Tengo unas cositas que acotar:

no sé si usas Word. Si lo haces, las comillas bajas se encuentran en la sección "Insertar - Símbolo". Al menos sabes cuáles son, es una pena que blogger aún no las haya agregado.
"Por qué" va separado.
"Echó" lleva tilde.
"Entró al estacionamiento subterráneo del hotel American Inn, era el ideal porque estaba justo en frente del Grant Hotel". En vez de coma, punto y coma.
Conviene poner en palabras los números. En este caso, piso cinco o quinto piso.
Punto y coma antes de "ésta cedió al instante por supuesto".
"Dentro descansaba un fusil de francotirador semiautomático, el prefería los de carga manual porque tenían mayor alcance, pero no hacía falta mayor alcance", punto y coma después de "semiautomático" y tilde en "él".
"Miró".

Me gustó el relato, muy bien llevado y construido. Final inesperado, además.

Besos!!

Ever Ballardo Martínez dijo...

Hola Nemi:

El relato me sostuvo en vilo de principio a fin. Pero el final me lo esperaba un tanto diferente: crei que al ultimo momento, cuando ya estuviera listo para disparar su objetivo volteria hacia el y sus miradas se cruzarian, y para su sorpresa y espanto, el objetivo seria el mismo.
Es una alucinacion, un cuadro de esquizofrenia muy comun en los asesinos a sueldo...

Ever Ballardo Martínez dijo...

Hola Nemi:

El relato me sostuvo en vilo de principio a fin. Pero el final me lo esperaba un tanto diferente: crei que al ultimo momento, cuando ya estuviera listo para disparar su objetivo volteria hacia el y sus miradas se cruzarian, y para su sorpresa y espanto, el objetivo seria el mismo.
Es una alucinacion, un cuadro de esquizofrenia muy comun en los asesinos a sueldo...

Meli ^^ dijo...

Me gustó, engancha desde el principio y fue inesperada la duda del final.

Besito

Tania Yesivell dijo...

Me gusta como va todo desde una inocente commida hasta ese... ¿ese final era un "quizás"? ¿O se supone que ya tiró del gatillo al sonreír? En cualquier caso, tiene varios ángulos la historia, como debe ser.

Dora Kuechel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
osnolasaga dijo...

Me ha gustado mucho y me ha mantenido en vilo desde el principio; mientras leía pensaba que se trataba de un detective privado y para nada me esperaba lo que era en realidad. El final también me encanta, ¿qué hará finalmente? ¡Un beso!

Antonio Vladimir García dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Vladimir García dijo...

Sólo ha salido el final en el anterior. Te había puesto que te has comido alguna palabra y otras estaban mal escritas (nada que una revisión cuidadosa no pueda solucionar. El final me ha gustado bastante como lo has dejado.

Un abracete
Antonio V. García.

Nemi López dijo...

Muchas gracias a todos aquellos que se tomaron el tiempo de leer y a aquellos que me han ayudado con sus observaciones.

Un beso.

Nemi López

Inna Franco dijo...

Muy bueno y atrapante, aunque me quedé deseando que apretara el gatillo jajaja, felicitaciones :)